El mito del control. Por qué intentar controlarlo todo es la forma más rápida de perder el control.

Cuando sientes ansiedad, tu primer instinto es controlar: tus pensamientos, tu respiración, tu agenda. En este artículo te explico por qué ese esfuerzo sobrehumano es el que te mantiene atrapado y cómo la solución no es apretar más fuerte, sino aprender a soltar la necesidad de control.

ISA GIL

6/21/20261 min read

· ¿Te ha pasado alguna vez que, cuanto más te empeñas en dormir, más desvelado te quedas? ¿O que cuanto más intentas bloquear un pensamiento feo, más grande y ruidoso se vuelve en tu cabeza?

Invertimos demasiada energía intentando controlar lo incontrolable. Revisamos nuestra respiración, analizamos cada latido, sobrepensamos las decisiones e intentamos prever cualquier catástrofe futura. El problema es que la mente humana funciona con una lógica paradójica. En el territorio de las emociones, el intento de control es, precisamente, lo que alimenta el descontrol. Es como intentar calmar el oleaje del mar dándole bofetadas al agua: solo consigues agitarla más.

El experimento estratégico de hoy: La próxima vez que sientas que la ansiedad o el control te inundan, no luches por frenarlos. Aplica la técnica del "aplazamiento": dite a ti mismo: "Voy a dejar este pensamiento en pausa y le dedicaré 15 minutos de atención exclusiva a las 6 de la tarde". Verás que, cuando llega la hora, el monstruo ya no es tan grande. La solución no es apretar los puños más fuerte; es aprender a soltar la cuerda.

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